
Últimamente he notado que el mundo está carente de amor. Y mas allá de la cantidad de insensibilidad en la calle, que es bastante grande como para hacer otro post refiriéndome a eso, hoy quiero hablar del amor bonito, el de las películas, el que yo me niego a creer que no existe.
Hace unas semanas escuchaba a un compañero atentamente mientras decía “Yo quiero una novia seria, una que pueda conocer a mis padres, que pueda llevarla al cine y comprarle flores, una a la que pueda a llamar a las 3 de la mañana, sólo para decirle que la amo.” Noté atentamente como muchas muchachas se lo quedaban viendo embelesadas, y luego volteaban en dirección contraria, como despertando de un sueño. Y lo entendí.
Todos buscan amor, pero nadie está dispuesto a arriesgarse a darlo. Hay más miedo que ganas. Hemos llegado a un punto en el que estamos con los corazones tan maltrechos, que preferimos no arriesgarnos.. Ni ganar, ni perder. No jugar, y ya.
Yo sigo creyendo, como dije arriba, en los cuentos de hadas. En los que he visto, y se han cumplido. En el amor puro. En el príncipe que ama con ganas, con corazón, con alma, con todo. En rosas (O en mi caso, margaritas)… En llamadas a las 3 de la mañana. En el amor, con el nombre que traiga, con la envoltura que venga. Pero en el de verdad.