El señor, arrecho, con sueño y con ganas de sentarse a mentar madres y punto, se percató que a lo lejos había una luz que parecía de una casa/hotel/posada. Se esperanzó y comenzó a caminar en dirección a la luz, pensando en conseguir un gato, poder arreglar su automóvil y llegar a Mérida de una buena vez.
- Ojalá tengan un gato, y me lo presten, así llegaré a Mérida pronto y dormiré tranquilo y feliz -Pensó- Pero y si... ¿no tienen carro, y por ende, no tienen gato? ¿Y si tienen carro, pero no tienen gato, o se les dañó, o se les perdió? ¿y si tienen carro, y gato, pero no quieren prestármelo?... ¿Qué hay si no me abren la puerta? ¿O si creen que voy a robarlos? - Y así continuó la retahíla hasta llegar a la puerta de la humilde casa con las luces encendidas. Tocó la puerta y se alejó receloso.
- Si, buenas noches, ¿qué.... - -¿Sabes qué? Vas y te metes tu gato por donde no te pegue el sol. ADIÓS!
No sean el señor del gato. De pana. No está bien. Yo lo soy right now, y estoy fighting it. Nadie debe ser el señor del gato. Nunca.